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Entrevista a Milagros de Torres

5 marzo 2009

Milagros de Torres Fernández es doctora en Filología Hispánica, profesora de la Universidad Alfonso X el Sabio y técnica superior en Comunicación, Protocolo y Relaciones Públicas.

Básicamente, ¿qué criterios debe cumplir un neologismo para que acabe acuñándose como palabra propia de una lengua?

En primer lugar, debería poder derivarse, es decir, formar otras palabras con la mism raíz, como es el caso de escanear. La palabra inglesa scaner, permite añadir una e delante y una desinencia verbal para formar el verbo escanear. Además, puede formar el sustantivo y el adjetivo escaneado y diclinarse en plural.

En segundo lugar, un neologismo debería ser fonéticamente adaptable por su estructura de palabra llana, como es el caso de diésel. Este tipo de palabras se adapta sin dificultad. Sin embargo, hay otras que presentan un aspecto morfológico irreconciliable con el español, como planing o marketing. El sufijo inglés -ing, al pronunciarse como in, suena a diminutivo y no lo asociamos a la forma esdrújula de estos dos anglicismos.

En tercer lugar, un neologismo no debería desplazar a una palabra que ya exista en nuestra lengua. Un ejemplo claro es también el caso de marketing en lugar de mercadotecnia. Estos neologismos no suelen prosperar.

Sin embargo, la Real Academia de la Lengua Española hace tiempo que aceptó marketing.

Sí, pero es una de esas palabras que sólo se usan en su contexto técnico o, fuera de ese contexto, con un valor de descrédito. Por ejemplo, se dice que algo es “puro marketing” o que “fulanito es puro marketing”. Es un palabra que, fuera de su contexto, no tiene prestigio. Para que el préstamo se acepte, lo tiene que aceptar la norma y el contexto. Debe ser un contexto de prestigio. Al principio, la palabra marketing denominaba estudios y técnicas, pero no ha llegado a denominar un oficio ni una función… ¿Cómo llamamos al especialista en este campo? ¿Marketinguero? No, lo llamamos mercadotécnico, que también es un adjetivo.

El lenguaje es la piel del pensamiento y va cambiando según progresa. Los términos se van introduciendo sin producir estridencias. De hecho, nuestro idioma está compuesto por estratos: prerrománicos, visigodos… Luego vinieron los galicismos, los italianismos, los americanismos -ya dijo Manuel Seco que, si tuviéramos que devolver todo lo que hemos tomado prestado en nuestra lengua, tendríamos que hablar por señas-. Eso sí, nuestro idioma también está compuesto de estructuras muy estables en gramática y en fonética. Debido a esa estabilidad, el neologismo tiene que adaptarse o se acaba perdiendo. Por ejemplo, ya hace años que se usa la plabra flirtear y ha dado paso a flirteo

Que también recoge el DRAE.

¡Claro, es perfecto! Es tontear con alguien y hacerlo con emociones. Flirt no es perfecto, porque ¿quién pronuncia en español un monosílabo con cuatro consonantes y una sola vocal? Lo mismo ocurre con shorts, que se usa más que nada en el ámbito específico de la moda y, fuera de él, se prefiere pantalones cortos. Además, ¿cómo sería shorts en diminutivo? ¿Shortitos?

Además, como has dicho, la lengua avanza con la sociedad, ¿no?, y ésta acaba por eliminar palabras que ya no le parecen apropiadas. Como en el caso de dildo, que ya está sustituyendo a consolador, una palabra con ciertas connotaciones negativas.

Sí, consolador tiene una variante peyorativa, en cuanto que denota un sustituto de algo. La palabra cambia porque la intención comunicativa también ha cambiado con la sociedad.

Algo parecido pasó con el emabarazo y la preñez. En cambio, embarazo sí ha persistido. Además, el retrete fue sustituido por el váter y el váter por el baño… Claro, estas palabras se impregnan de su propia esencia y empiezan a oler mal… y la sociedad ha ido eligiendo nuevas palabras para designar ese espacio. En España se propuso toilette, pero no cuajó porque se escribe demasiado diferente de como se pronuncia.

Aeromoza también se propuso y también fue rechazado.

Ese neologismo era imposible de aceptar. No podemos admitir lo de moza, porque no tiene prestigio. El español se habla en muchos sitios, pero en España se rechazó la propuesta, sí.

Cambiando un poco de tercio, desde que un neologismo aparece en publicaciones o en la lengua oral hasta que lo recogen los diccionarios, ¿cúánto tiempo crees que puede pasar?

Últimamente se ha acelerado el proceso, pero depende de quién lo promocione. Tren o vagón son neologismos perfectamente aclimatados que tardaron décadas en sustituir a ferrocarril.

Pero pendrive ha entrado rapidísimo.

¡Me parece una barbaridad! ¿Por qué no memoria extraíble?

En materia de neologismos o de usos poco acertados de la lengua, se dice que el uso impera sobre la norma. ¿Hasta qué punto es eso cierto? Es decir, ¿cuándo habría que acatar la norma y cuándo dejarse llevar por el uso?

La realidad es que el uso y la norma mantienen una tensión dialéctica. Lo normal es que el uso acabe imponiéndose cuando es práctico y atiende a una realidad social. Si el uso es caprichoso, la norma reconquista el terreno perdido. Pero así evoluciona el idioma: mediante la imposición del uso sobre la norma.

A parte, hay neologismos que desplazan horizontal o verticalmente a las palabras. Horizontalmente, porque acaban constituyéndose como sinónimos parciales según el contexto. Verticalmente, porque sube o bajan el registro de una palabra española. Por ejemplo, sándwich desplazó a emparedado, sin embargo, en la carta de un restaurante de lujo o en una cena de gala, probablemente no verás la palabra sándwich, sino emparedado.

En cuanto a neologismos, el web 2.0 y en concreto algunos wikis, o sea, páginas web como wikipedia o wikilengua, son fuentes de consulta muy útilies para saber el significado de palabras nuevas que sólo difícilmente se encuentran en diccionarios. Y estas webs son editadas por los hablantes mismos, que evidentemente son el origen de los neologismos…

Sí, pero esas webs son un jardín sin cuidar. Cada uno da lo que tiene y la calidad no es homogénea. Te puedes encontrar aportes rigurosos, pero también hay mucho de qué prescindir. A ver, me parece genial que se contribuya a la difusión del conocimiento y de la cultura. No soy contraria, ni siguiera a la lengua de los sms, porque es un uso específico útil en su campo y que no debería salir de ahí. Lo que ocurre es que se van a extender los errores a campos a los que no deberían.

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